CARRETERA SANTA CRUZ-PUERTO SUAREZ


El Proyecto

La construcción de la carretera Santa Cruz – Puerto Suárez parte de las necesidades de concretar el Corredor Bioceánico Este – Oeste (establecido por el IIRSA) que vincula a través de Brasil, Bolivia, Chile y Perú los principales mercados sudamericanos del Atlántico y Pacífico además de alcanzar otros mercados mediante la Hidrovía Paraguay – Paraná. Para este fin, el tramo de 571 Km de longitud con superficie de rodadura sobre una plataforma de aproximadamente 11 m. de ancho y altura entre 1.30 a 1.50 m. fue dividido en seis sub-tramos que cuentan con diferentes fuentes de financiamiento para su ejecución con un costo total de US$ 312 millones, que no incluyen la construcción de un puente de 1.400 m. sobre el río Grande.

Los estudios contratados establecen que con el Corredor Bioceánico y en especial la carretera Santa Cruz – Puerto Suárez, Bolivia obtendrá importantes beneficios sociales y económicos mediante la reducción de costos de transporte, y la facilitación del acceso a las zonas de producción dando como resultado el impulso a la expansión agrícola en las Tierras Bajas, incorporación de grandes extensiones territoriales al desarrollo de la actividad ganadera, mayor competitividad de varias cadenas productivas establecidas en Santa Cruz (soya, madera, carne, otros productos agroindustriales) y promoción de la integración económica y comercial con el Brasil.

En realidad, la construcción de la carretera Santa Cruz – Puerto Suárez surgió a partir de la necesidad de introducir un proceso de competencia entre modos de transportes para romper el monopolio ferroviario resultado de la capitalización de la Empresa Nacional de Ferrocarriles, ENFE, como parte del proceso de reformas estructurales promovidas por el BID, BM y FMI. Con este proceso se transfirió a manos privadas el ferrocarril Santa Cruz – Puerto Suárez, significando la elevación del costo de transporte de carga (fletes) a niveles injustificados y la reducción de los servicios de transportes de pasajeros, perjudicando la producción agrícola y a las comunidades.

Este análisis viabiliza el proyecto sin cuestionar el verdadero motivo de los problemas de transporte regional: la capitalización de ENFE, y plantea como única solución la construcción de la carretera sin considerar la opción de reversión de los ferrocarriles al Estado.

Para reducir los impactos ambientales y sociales de la ejecución del proyecto, el BID promovió la Evaluación Ambiental Estratégica del Corredor, estudio a partir del cual se diseñó el “Programa de Protección Ambiental y Social”, conjunto de planes y programas que deberían prevenir y mitigar los impactos. Este prograna cuenta con financiamiento local, del BID y del Fondo Nórdico a través de un Contrato de Préstamo con un presupuesto de US$ 26,5 millones, que compromete al gobierno boliviano a que las condiciones en materia de gestión ambiental para todos los tramos del proyecto (independientemente del organismo financiador), sean las establecidas en el Plan Operativo de los estudios.

La construcción del primer tramo, San José – Roboré, se inició en Julio del presente año, y el segundo tramo, Pailón – El Tinto, se encuentra en proceso de licitación. Para autorizar el inicio de obras, el Ministerio de Desarrollo Sostenible y el Servicio Nacional de Caminos (organismos ejecutores) debían cumplir las condiciones previas establecidas en el Contrato de Préstamo, condición para obtener los desembolsos del BID para la implementación de los diferentes programas y para que este organismo financie la construcción de los tramos comprometidos. Sin embargo, a pesar del inicio de obras, los planes y programas para la participación ciudadana y relacionamiento con las comunidades no han sido implementados, por lo tanto, no es posible conocer las actividades del proyecto que se encuentran en ejecución y el porcentaje de avance de las ya iniciadas. Estos aspectos muestran el incumplimiento del gobierno, sus instituciones y el Banco Interamericano de Desarrollo a los compromisos contraídos, así también la escasa voluntad política de ejecutar todos los aspectos del Plan de Protección Ambiental y Social.

Los efectos

La construcción de una carretera genera cambios permanentes en el contexto social y ambiental que se inician con la especulación inmobiliaria y el negocio de tierras en función de las perspectivas de valorización de las mismas agudizando los conflictos de tenencia y propiedad, ejerciendo presión sobre predios rurales, tierras de comunidades campesinas y territorios indígenas. Este proceso lleva a la expulsión de campesinos, indígenas y pequeños propietarios incrementando los cinturones de pobreza de las ciudades y generando la ruptura de las relaciones sociales al interior de las comunidades. Se agrava aún más con la necesidad de consolidación del Derecho de Vía, franja de 100 m de ancho por toda la longitud de la carretera (5.659 ha) que deberá ser liberada para la implantación del proyecto, implicando la expropiación de tierras, afectación a viviendas, instalaciones, producción agrícola, ganadera y cambio de uso del suelo.

Pruebas claras de la especulación inmobiliaria se están dando por la compra y ocupación de tierras por parte de ciudadanos brasileros, quienes instalan grandes haciendas ganaderas.

Efecto inmediato de la construcción de la carretera será también la tala de vegetación, se estima que se destruirán más de 1.600 ha. de bosque chiquitano, 1.000 ha. de cerrado, casi 280 ha. de bosque de galería, alrededor de 200 ha. de bosque chaqueño y de bañados, y unas 50 ha. de pastizales (Consorcio Prime Enghenaria et al. 2000), efectos que se transmitirán al interior del bosque modificando hábitats y microclimas, provocando cambios severos en la distribución y abundacia de la fauna.

Los efectos del proyecto tienden a ser más evidentes en el régimen hídrico (modificación de las rutas de flujo superficial y subterráneo, variación de caudal, sedimentación, contaminación, etc.) con consecuencias imprevisibles sobre el Pantanal, la superficie sujeta a inundaciones, las relaciones funcionales, hábitats, formaciones vegetales, fauna y recursos de la región. El terraplén de la carretera será una barrera permanente que originará cambios sustanciales en todos los ecosistemas y flujos hídricos, induciendo a procesos de transformación, reducción de la superficie del Pantanal, cambios en el clima y afectación a la biodiversidad, calidad ambiental y calidad de vida de la región.

 


 

 

 

 

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