El gasoducto a Cuiabá de 18 pulgadas de diámetro,
para transportar 2,5 millones de m3/día de gas natural
a una planta energética de Cuiabá en el suroeste
del Brasil se encuentra actualmente concluido. Se origina en el
gasoducto Bolivia-Brasil de 32 pulgadas ubicado a 18°32' de
latitud sur y 60°39' de longitud oeste. Recorre hacia el noreste
en una longitud de 360 Km pasando por la ciudad de San Matías,
Bolivia. Overseas Private Investiment Corporation (OPIC) financió
el proyecto de ENRON que tuvo un costo de US$. 120 millones.
El proyecto se encuentra en un proceso de investigación
a través de una Auditoria Ambiental solicitada por organizaciones
indígenas de los pueblos chiquitanos y ayoreos (OICH),
quienes presentaron al anterior gobierno documentos del monitoreo
independiente que respaldan las denuncias. Las denuncias contra
las multinacionales ENRON y SHELL y organismos del Estado van
desde el incumplimiento del plan de reforestación, incumplimiento
del plan de desarrollo indígena, destrucción de
hábitats de vida natural, destrucción del bosque
seco chiquitano y violación de los derechos indígenas
al promover la creación de la Fundación para la
Conservación del Bosque Seco Chiquitano (FCBC) formada
por organizaciones conservacionistas, quienes inicialmente luchaban
porque el gasoducto siga la ruta del camino a San Matías
sin atravesar el bosque seco chiquitano y posteriormente cambiaron
su posición aceptando y permitiendo la ejecución
del proyecto atravesando y destruyendo un área importante
del bosque. FCBC, formada a espaldas de grupos ambientalistas
e impidiendo la participación de los pueblos indígenas
afectados en la preservación de los recursos naturales
en su propio territorio contaba con un presupuesto de US$ 20 millones
provenientes de los promotores del proyecto del gasoducto; los
hechos han demostrado que el supuesto Plan de Conservación
del bosque nunca funcionó, sumándose a lo anterior,
que el 2001, la Organización Indígena Chiquitana
reveló a la prensa nacional que miembros de la FCBC realizaban
biopiratería al exportar, sin autorización, material
genético de una especie originaria de “maní
silvestre” encontrada en el bosque chiquitano.
Por otra parte, en noviembre del 2002, organizaciones ambientalistas
denunciaron el descubrimiento de una válvula construida
en secreto por la multinacional para abastecer con gas la Mina
Don Mario de propiedad de Orvana Mineral, empresa que tiene entre
sus principales accionistas a Gonzalo Sánchez de Lozada.
También se descubrió la construcción de un
gasoducto privado de exclusividad para la mina del ex - Presidente
boliviano, que no estaba considerado en el Estudio de Evaluación
de Impacto Ambiental.
Efectos sobre el ambiente
Los impactos ambientales de la construcción del gasoducto
están relacionados con la destrucción del Bosque
Chiquitano: La construcción del gasoducto San Miguel-Cuiabá
pasando por San Matías cruza el bosque seco chiquitano
determinando una gran superficie de bosque destruido para la implantación
del derecho de vía y de los accesos a la región.
La destrucción del bosque chiquitano no sólo es
irreversible y con efectos negativos sobre la biodiversidad, sino
que produce consecuencias en la escala ecológica global.
El mayor impacto ambiental negativo provocado durante la ejecución
del proyecto ha sido el retiro de la vegetación y movimiento
de tierra para la implantación del derecho de vía
y los caminos de acceso. La apertura de nuevos caminos de acceso
ha facilitado el asentamiento y explotación de zonas que
no fueron ocupadas ni explotadas anteriormente, con el consecuente
daño ocasionado por el asentamiento en lugares no previstos
y/o prohibidos. La invasión sobre el territorio es principalmente
para actividades como ganadería, agropecuaria, tala de
árboles y caza.
La destrucción del bosque chiquitano significa pérdida
de biodiversidad, deforestación, contaminación,
reducción de las comunidades vegetales, mayor presión
de caza sobre especies amenazadas y destrucción de hábitats
naturales, degradación de los recursos por la ampliación
de la frontera agrícola y extracción forestal que
origina facilidad de penetración al bosque y promueve la
destrucción de hábitats, amenazando a muchas especies.
El proyecto generó también invasión de comunidades,
afectación a las propiedades agrícolas y ganaderas,
apropiación de la tierra y migración hacia la región
de gente de otras regiones, quienes se adueñan de tierras
incrementando aún más los problemas no resueltos
de tenencia. La presencia de personas ajenas al lugar incrementa
la presión sobre los recursos naturales por el crecimiento
de centros poblados, construcción de carreteras de acceso
y desarrollo de proyectos mineros de gran envergadura que sólo
dejan destrucción.