Las políticas económicas globales consideran a
las regiones, sus recursos y hasta la vida en función a
las necesidades del mercado, pretendiendo comercializar absolutamente
todo. Para este fin, Estados Unidos propuso en 1994 el ALCA (Acuerdo
de Libre Comercio de las Américas). El ALCA se encuentra
actualmente en discusión y es cuestionado por muchos sectores
en Bolivia y otros países de Sudamérica, no ha sido
aprobado por el congreso, gobierno y el pueblo; sin embargo los
organismos multilaterales de crédito, BID, BM, CAF y FONPLATA
se encuentran llevando adelante proyectos dentro de las perspectivas
del ALCA, para lo cual se está implementado de manera acelerada
la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura
Regional de Sudamérica (IIRSA) que pretende la “integración”
continental para la apertura de nuestros mercados a los mercados
del mundo, la promoción de la iniciativa privada, que el
Estado se retire de la actividad económica y se contente
con velar porque no se interfiera en las labores de las empresas
privadas (FOBOMADE, 2003). Estas acciones se realizan con la promesa
de desarrollo socioeconómico, integración comercial
y aprovechando lo que definen como “posición geográfica
privilegiada de Bolivia”, que convierte al país en
principal eje de articulación de Sudamérica, situación
que significa: Bolivia, país de tránsito y de
extracción de recursos naturales.
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Camiones
brasileros llevando carbón de Bolivia. Empresa Bravo
(Foto: FOBOMADE) |
Así exista el reconocimiento nacional e internacional
de la importancia regional, continental y mundial del Pantanal
Boliviano, muchos proyectos que se han estado desarrollando en
la región obviando los compromisos de conservación
y protección asumidos por el Estado, son parte del IIRSA,
que no considera la fragilidad del ecosistema, los riesgos de
destrucción y la vida de las poblaciones de la zona. Para
desarrollar el IIRSA se planifican y financian hidrovías,
carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos en función
a las ganancias que pretenden las grandes empresas; a esta planificación
no le interesa la mejora en las condiciones de vida ni las necesidades
reales de vinculación y de servicios que tienen las comunidades;
al contrario, el ALCA requiere de mano de obra barata para la
implementación de proyectos industriales, para lo cual
al promover la afectación, apropiación y explotación
de los recursos naturales por parte de grandes empresarios, alterando
la forma de vida, reduciendo el territorio y apropiándose
de los recursos de las comunidades y pueblos, pretende la expulsión
de la población para desarrollar zonas francas de exportación
y de explotación humana.
La integración energética es también parte
del ALCA y del IIRSA, pues el desarrollo industrial requiere de
energía barata para satisfacer las necesidades industriales
y productivas por lo que la explotación y transporte de
hidrocarburos (que pasó a manos privadas con la capitalización
de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) es también
promovida por los organismos financiadores.
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Extracción
de cal en Yacuses (Foto: FOBOMADE) |
Las empresas de extracción de recursos naturales forman
parte de este proceso, es así que obtienen concesiones
hidrocarburíferas, mineras y forestales en la región
y al interior de las Áreas Protegidas.
La ejecución de estos proyectos, los impactos sociales
y ambientales que generan son analizados de forma independiente
y promovidos por intereses particulares y empresariales sin considerar
el contexto regional y el “complejo sistema Pantanal”,
minimizando los daños reales que el conjunto tendrá
en la región, sin participación y consulta a los
pueblos y comunidades conocedoras del medio en viven, y con consecuencias
acumulativas e irreversibles que parten de la modificación
del ciclo hidrológico, modificación de las rutas
de flujo natural, reducción de la superficie inundable,
pérdida de hábitats, pérdida de biodiversidad
y recursos genéticos, cambio de uso de suelo, contaminación
por descarga de contaminantes químicos resultado de la
actividad minera y agrícola extensiva, quema del bosque
y las sabanas, deforestación, explotación de fauna,
que llevan en su conjunto a la destrucción de pueblos y
comunidades indígenas, empobrecimiento y pérdida
de territorio de comunidades campesinas y de pescadores, expulsión
de la población, pérdidas irreversibles del conocimiento
del bosque y del medio natural, que en resumen es la destrucción
y desaparición de la riqueza cultural y natural de los
países.
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Deforestación
de 30 ha del Bosque Chiquitano (Mina Don Mario)
Foto:OICH-CEADES Octubre 2002 |
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