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Distribución de la degradación ambiental
El Foro Boliviano sobre Medio Ambiente y Desarrollo
se define como una organización que articula el movimiento
socioambiental boliviano incorporando organizaciones sociales,
ecologistas, instituciones académicas y personas que trabajan
en sus comunidades o en apoyo de ellas para la defensa de su ambiente
y recursos naturales. Entre sus principales tareas ha establecido
el apoyo a comunidades en la gestión de conflictos ambientales,
promoviendo el ejercicio de los derechos ambientales e incorporando
el enfoque de sustentabilidad en cada una de las áreas
de trabajo, así como en el debate político nacional.
Esta tarea responde al reconocimiento de que los conflictos ambientales
no impactan por igual a todos y que reflejan diversas asimetrías
no solo respecto a quienes son afectados sino a la distribución
y acceso a los recursos naturales.
Para algunas visiones ambientalistas la degradación ambiental
no respeta fronteras y los riesgos nos afectan a todos. Este concepto,
apropiado por los países de la OECD, sirve de paradigma
conceptual para hacer referencia a los cambios globales, pero
oculta el hecho de que las jerarquías continúan
y se acentúan y de que los riesgos ambientales son soportados
por los más pobres. Y justamente porque esos riesgos son
dirigidos hacia los más vulnerables, se tornan insolubles,
invisibles y crecientes.
La idea de que la degradación ambiental, la contaminación
o los efectos adversos del cambio climático se distribuyen
igualmente, pervive e invade la retórica y políticas
de demasiadas instituciones a cargo de conservar el ambiente “global”.
Ideas como “Nuestro Futuro Común” distraen
a quienes determinan las políticas y a los académicos
de darse cuenta de que existe un patrón de exposición
desproporcionada de daños ambientales y degradación
entre aquellos que se encuentran marginalizados.
En 1999 cuando se publicó el libro Miradas, Voces y Sonidos:
Conflictos Ambientales en Bolivia, las experiencias sistematizadas
ponían en evidencia que los conflictos se encuentran en
el centro de la temática ambiental revelando las estrechas
vinculaciones de éstos con las estrategias de desarrollo
del país.
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Nuevos derechos y Conflictos Ambientales
Los derechos humanos, instituidos para garantizar
a los hombres y mujeres la protección de las causas que
atentan contra su dignidad y realización, se han ido reconociendo
y estableciendo gradualmente. Así, los derechos ambientales,
que surgen cuando se incorpora el concepto de solidaridad, están
relacionados con la sustentabilidad ecológica y la diversidad
cultural.
Hoy en día los nuevos movimientos sociales emergen a partir
de conflictos ambientales y luchan por el reconocimiento de identidades
étnicas y de las condiciones ecológicas para su
desarrollo sustentable, lucha que implica la supervivencia del
planeta y la humanidad en su conjunto, porque aplican los nuevos
derechos ambientales que enfrentan los impactos generados por
un modelo económico causante de los problemas ambientales
globales y de la desigual distribución de sus impactos.
En Bolivia existe una larga historia de conflictos originados
a partir de la manera en la que los diferentes grupos sociales
aprovechan y/o acceden a los recursos naturales. En los últimos
tiempos, el modelo de desarrollo que impone la privatización
de los recursos naturales y promueve su explotación inmediata
a cualquier costo, ha generado los peores conflictos ambientales
de la historia del país. En Febrero del 2000 se produjo
el peor desastre en la historia petrolera del país, cuando
la empresa Transredes (Enron y Shell) provocó el derrame
de 11000 barriles de petróleo en el río Desaguadero,
efluente del Lago más importante de la región andina,
el Titicaca, ambos cuerpos de agua que forman parte de la cuenca
endorreica del Altiplano y que alimentan enormes reservorios de
agua subterránea en las zonas más secas del planeta.
El derrame contaminó no solo la principal fuente de agua
para las comunidades, que es el río, sino también
los canales de riego, los cultivos, praderas, animales, suelos,
lugares de anidamiento de aves, aguas subterráneas, terminó
con productos de exportación como la quinua orgánica,
produjo la muerte de animales, malformaciones, graves problemas
de salud, muchos de ellos reportados en la Auditoría Ambiental
y otros denunciados por los pobladores locales.
La privatización también permitió el tendido
de gasoductos que pasan por áreas ecológicamente
vulnerables y por territorios indígenas, en nacientes de
ríos y quebradas en las regiones chaqueña, chiquitana,
amazónica y pantanera, extraordinariamente bien conservadas
por las formas de vida de los pueblos que las habitaban, muchos
de los cuales ahora están siendo divididos o expulsados,
obligados a buscar otras formas de vida, lejos de sus territorios.
Asimismo, en la última década, se han sucedido los
peores desastres mineros por el rompimiento de diques de colas,
en el río Pilcomayo y sus afluentes, producto de la liberalización
e incumplimiento de condiciones ambientales, contaminando la principal
fuente de vida de pueblos como los tapietes y otros que viven
en sus orillas.
Por todo ello, los remedios a la degradación ambiental
no pueden ser equitativos. Se requiere enfrentar la sistemática
e histórica injusticia, donde la “equidad”
después de los hechos no puede ser suficiente, porque dejaría
las injusticias pasadas irresueltas, institucionalizándolas,
al no manejar, o peor aún, olvidar, los daños anteriores
o la degradación ambiental.
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Justicia Ambiental
Por Justicia Ambiental se entiende el conjunto
de principios que aseguran que ningún grupo de personas,
sean grupos étnicos, raciales o de clase, soporte una carga
desproporcional de los impactos ambientales negativos de operaciones
económicas, de políticas y programas nacionales,
regionales o locales, así como resultantes de la ausencia
u omisión de tales políticas. (LOW, GLEESON)
El concepto de justicia ambiental nació de las luchas del
Movimiento Negro en Estados Unidos. A partir del aprendizaje de
la lucha por los derechos civiles en los años sesenta,
los grupos organizados de defensa de las poblaciones no anglo-sajonas
comenzaron a percibir, a principio intuitivamente y después
de manera sistemática, que las actividades muy poluentes
y ambientalmente degradantes estaban distribuidas intencionalmente
en el territorio estadounidense. Se concentraban en las regiones
y barrios donde la población era sobretodo negra, indígena
o latina. Ese "racismo ambiental" demostraba la coherencia
entre la desigualdad social y la desigualdad ambiental, haciendo
que las poblaciones excluidas y marginalizadas recibieran una
parte desproporcional del impacto ambiental generado por el sistema
socioeconómico. Las clases dominantes, aunque fueran responsables
por la mayor parte de este impacto, a través de sus patrones
de consumo y producción insustentables, "se protegían"
de la degradación orientando los efectos de ella para el
espacio colectivo y para los territorios ocupados por los sectores
no anglo-sajones de la población.
En la actualidad, es necesario comprender que la calidad ambiental
es un nuevo elemento discriminador, por lo que de debe comprender
la necesidad de incorporar el análisis de clases y estratificación
social.
Existen algunos factores genéricos e ideológicos
que han contribuido a dificultar la percepción de las injusticias
ambientales, de la distribución desigual de los riesgos
ambientales entre países y entre clases sociales y etnias
dentro de cada país. Estos son:
- El conservacionismo de una corriente del movimiento ambientalista
que cree que los problemas ambientales son democráticos,
que afectan a todos y que solo es una verdad de largo plazo cuando,
como dijo el economista Keynes, “todos estaremos muertos”.
- El productivismo generalizado y también asumido por el
movimiento de trabajadores, que incorpora la búsqueda por
el crecimiento sin cuestionar sus implicaciones.
- Un pragmatismo inmediatista que, al destacar la reconocida prioridad
de tener que comer y donde abrigarse, acaba descalificando la
búsqueda por la justicia ambiental y la calidad de vida,
convirtiéndose en una forma de pensamiento resignado. Para
el movimiento de los trabajadores la cuestión del dilema
entre preservación de los puestos de trabajo y protección
del medio ambiente siempre fue colocado como un limitante de sus
acciones. Asi, se crea una fuerza por la complicidad involuntaria
de los trabajadores en nombre de su supervivencia económica,
un cuadro de injusticia crónica y de aceptación
resignada de las fatalidades ambientales.
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Necesidad de un espacio de análisis
y articulación
Por lo señalado, es necesario crear un
espacio de análisis y reflexión en el campo del
ecologismo y de la Sociología Ambiental, que busque analizar,
desde la perspectiva de las jerarquías sociales, es decir
de las desigualdades de clase, la problemática de la degradación
ambiental y las amenazas consecuentes a la salud colectiva de
las poblaciones más vulnerables, reflexionando sobre los
conceptos de desigualdades sociales, desde la perspectiva de calidad
de vida y de las condiciones socioambientales.
Muchas organizaciones sociales trabajan por la justicia ambiental,
aunque no se definan como tales, por lo que es necesario buscar
su articulación en torno a esas reflexiones y la configuración
de un nuevo orden jurídico fundado en los nuevos derechos
que hoy surgen en relación con la sustentabilidad ecológica
y la diversidad cultural y bajo los principios de Justicia Ambiental. |
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