Se trata de una de las zonas con mayor diversidad biológica
y cultural del país. El sureste del departamento de Santa
Cruz es un territorio verde sembrado de miles de especies animales
y vegetales.
En 1883, el naturalista francés, Alcides d´Orbigny
encabezó una misión que permitió descubrir
la inmensa riqueza de ese territorio. D´Orbigny quedó
impresionado con la diversidad natural del territorio boliviano.
Fue entonces que d´Orbigny había visto, entonces,
la conveniencia estratégica de construir una carretera
que una Puerto Suárez con Puerto Busch, vía que
permita acceder al Río Paraguay que permita a Bolivia contar
con una puerta hacia el Océano Atlántico.
Desde hace años que los cruceños reclaman la construcción
de una carretera que una Santa Cruz con Puerto Suárez.
El sueño parece que se hará realidad en los próximos
cinco años, pero, la vía también podría
convertirse en una pesadilla si no se tienen en cuenta las debidas
precauciones ambientales.
Los planes para la construcción de la carretera establecen
tres tramos: Santa Cruz-Pailón; Pailón-San José
de Chiquitos; y, San José de Chiquitos - Puerto Suárez.
El primer tramo ya se construyó con fondos de la cooperación
europea. El segundo se hará con recursos de la Corporación
Andina de Fomento (CAF). Y el último, lo será con
fondos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La preocupación saltó la semana pasada cuando se
dio un paso más en la licitación pública
para la construcción del tramo Pailón - San José
de Chiquitos.
Cuando las autoridades del Servicio Nacional de Caminos abrieron
los sobres con las ofertas económicas de las empresas,
las organizaciones ambientalistas se sorprendieron al conocer
que los contratos no incluyen los resultados del Estudio Estratégico
de Impacto Ambiental (EEIA), un documento fundamental para la
protección de las especies animales, vegetales y los grupos
humanos que serán afectados por la carretera.
Para evitar el impacto socio-ambiental que tendrá la carretera
Santa Cruz-Puerto Suárez, el Banco Interamericano (BID)
financió el año pasado un Estudio Estratégico
de Impacto Ambiental (EEIA) a un costo superior a 1 millón
de dólares. El mismo estableció estrictas medidas
para mitigar el impacto ambiental y social por el paso de la vía.
El estudio llevó a establecer un Programa de Protección
Ambiental y Social en el Corredor Santa Cruz-Puerto Suárez
(PPAS) que tendrá un costo de 26,1 millones de dólares
financiados por el BID (21 millones), el Fondo Nórdico
(3 millones) y la contraparte nacional (2,5 millones). Dicho programa
debe tener en cuenta las demandas de los diferentes sectores sociales
afectados por la carretera. El temor es que el proyecto podría
significar un impacto socio-ambiental insostenible en el largo
plazo.
Detrás del programa está el objetivo de tener en
cuenta no sólo los impactos sobre la naturaleza sino también
sobre los grupos humanos y las culturas que habitan la zona. Los
resultados de este proyecto de protección ambiental deberían
estar incluídos en los pliegos de licitación para
la construcción de la carretera a cargo del Servicio Nacional
de Caminos.
El presidente del Foro Boliviano sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo (FOBOMADE), Gabriel Herbas, denunció que la
licitación no tiene en cuenta las recomendaciones y exigencias
establecidas en el Estudio Estratégico de Impacto Ambiental
(EEIA), lo que permitiría a la empresa evadir las exigencias
ambientales y sociales. La no inclusión de los estudios
de impacto ambiental llamó la atención de las propias
autoridades del BID que elevaron el grito al cielo al reconocer
la presunta negligencia en la que habrían cometido las
autoridades del Servicio Nacional de Caminos en favor del sector
privado interesado en la construcción de la carretera.
Domingo tuvo acceso a documentación oficial del BID en
la que el director regional del organismo, Luis Miglino, reclama
a las autoridades nacionales por la no inclusión de esa
documentación en el proceso de licitación.
Pese a que el tramo Pailón-San José está
financiado por la CAF, el BID ha exigido a las autoridades nacionales
que cumplan con el Acuerdo firmado con esa institución
financiera para que el Servicio Nacional de Caminos tenga en cuenta
los estudios y proyectos ambientales antes mencionados.
Fuentes del BID consultadas por Domingo adelantaron que “el
BID podría suspender el financiamiento del tercer tramo
en caso de que la licitación del tramo Pailón-San
José no cumpla con lo pactado”.
Tres documentos firmados por el directorio del SNC señalan
que dicho organismo tendría en cuenta los requisitos de
control ambiental en todos los pliegos y etapas de la carretera
Santa Cruz-Puerto Suárez.
El gerente socio-ambiental del SNC, José Rodríguez,
negó las imputaciones del FOBOMADE y garantizó que
los contratos establecen medidas de impacto directo de la carretera
sobre el medio ambiente.
En diálogo con Domingo, Rodríguez afirmó
que dicha institución envió una carta aclaratoria
al BID donde explica los términos de la licitación
de la obra. “Vamos a garantizar que se cumplan todas las
exigencias ambientales que pide el BID”, dijo Rodríguez.
En el caso de los impactos indirectos de la obra, Rodríguez
explicó que el control para su mitigación está
en manos del Ministerio de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente.
Pero los directivos del FOBOMADE insisten ya que tomar en cuenta
los impactos directos únicamente no sería suficiente.
Los ambientalistas señalan que, de adjudicarse la obra
sin las obligaciones establecidas en el EEIA, habría consecuencias
ambientales y sociales impredecibles para la zona de impacto inmediata
de la carretera. Entres las tareas establecidas en el EEIA, la
construcción debería tener en cuenta las conclusiones
del Plan de Prevención y Mitigación, las normas
y requisitos de la Supervisión y Fiscalización de
la obra, las multas por incumplimiento de la parte ambiental.
Pero no será así.
La carretera atravesará el Bosque Chiquitano, el Pantanal,
los Bañados de Izozog, y las Areas Protegidas San Matías,
Otuquis y Kaa-Iya.
FOBOMADE alertó que los involucrados
y futuros afectados no están informados respecto de estas
modificaciones realizadas en el pliego de licitación por
lo que demandaron que las actuales autoridades hagan público
los contratos de licitación para la construcción
de la obra.
El Programa de Protección Ambiental y Social (PPAS) tiene
un presupuesto de 26,5 millones de dólares que se dividen
en cinco objetivos fundamentales: Saneamiento, Titulación
y Registro de tierras (5 millones), Programa de atención
a las comunidades indígenas (3,1 millones), Manejo de Áreas
Protegidas y Conservación de Bosques (2 millones), Fortalecimiento
Institucional en los Municipios (1 millón), Acciones Demostrativas
para el Desarrollo Sostenible (1.3 millones) y la Propuesta Global
para el Desarrollo Regional (100 mil dólares).
TIERRA DE NADIE
Pero la falta de prevención ambiental no es el único
problema que enfrenta la carretera Santa Cruz-Puerto Suárez.
Desde que se comenzó a planificar la obra, una fuerte pelea
por la tierra surgió entre empresarios, políticos
e indígenas del lugar que reclaman se les respete sus derechos
a la tierra y sus culturas originarias.
Según la información que proporcionó FOBOMADE,
el territorio por el que atravesará la carretera se ha
valorizado enormemente, lo que ha desatado una fuerte disputa
por la tenencia de la tierra.
Se trata de un territorio por más de 7,7 millones de hectáreas,
donde se encuentran asentadas más de 8.300 familias, 2.500
unidades agrarias y 8.822 predios.
Dentro del Programa de Protección Ambiental y Social de
la carretera, el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA)
cuenta con un financiamiento por más de cinco millones
de dólares para llevar a cabo el proceso de saneamiento
de las propiedades establecidas en el lugar.
Según la documentación a la que accedió
Domingo, la inseguridad jurídica en la zona es casi absoluta.
Tierra de nadie, tierra de todos. Especialmente de los oportunistas
con contactos en el poder político.
Pero los problemas para realizar el saneamiento son enormes.
Según el FOBOMADE se han detectado casos de corrupción
de funcionarios que favorecen a los ganaderos, productores agropecuarios
y políticos en detrimento de los intereses indígenas.
Los 5 millones para el INRA podrían quedar paralizados
en caso de que la licitación no tenga en cuenta el programa
de protección ambiental y social.
El Viceministro de Medio Ambiente, Ovidio Roca Ávila,
reconoció que la zona es muy apetecida por intereses privados
que intentan instalarse en el lugar con fines estrictamente económicos.
Roca Ávila también señaló que todo
el Programa de Protección Ambiental y Social presenta serios
retrasos en su implementación, atribuída según
el funcionarioal cambio de gobierno. El Viceministro explicó
que el programa exige la firma de un convenio entre las instituciones
involucradas para la administración del programa de protección
ambiental y social, cosa que aún no se ha hecho.
Como toda obra de infraestructura, “todas las comunidades
temen que los intereses de los privados afecte su derecho a la
tierra”. Aún así, Roca Ávila adelantó
que en dos meses estará listo el programa de prevención
que permita establecer cuáles serán las responsabilidades
y obras que se tendrán que hacer para mitigar el impacto
ambiental y social de la carretera.
CARRETERAS S.A.
Los ecologistas del FOBOMADE alertan que, de consumarse esta
situación irregular, el impacto podría resultar
mayor al que tendrá la región de Cotapata.
Domingo denunció hace dos semanas que grupos privados,
políticos y campesinos estaban loteando el Área
Protegida Cotapata debido al incremento en la valuación
de los terrenos ubicados en esa zona debido a la carretera y a
su proximidad con la ciudad de La Paz. Este medio descubrió
que los empresarios Andrés y Milo Petricevic cuentan con
inmensas extensiones de tierra en el lugar.
Con este mismo criterio de no tener en cuenta los impactos ambientales,
la licitación para la construcción de la carretera
Oruro-Pisiga también cayó en esta misma omisión.
El problema fue resuelto gracias a la rápida acción
de algunos parlamentarios orureños, pero quedo como antecedente
de lo que los grupos privados pueden intentar hacer en las principales
carreteras del país.
Ahora está por verse si la licitación para la construcción
de la carretera Santa Cruz-Puerto Suárez sigue el mismo
criterio de privatización del territorio boliviano.