En octubre de 1999 el gobierno de Bolivia promulgó el decreto 25532:
denominado decreto de las barracas, con el objetivo manifiesto
de convertir las explotaciones castañeras en concesiones
forestales. En julio de este año la III Marcha por la
Tierra, el Territorio y los Recursos Naturales logró
la abrogación del mencionado decreto. La Marcha había
empezado en el
departamento de Pando, el 28 de junio.
Por qué los campesinos de Pando, olvidados del resto
del país, de los que casi nadie conocía su organización,
mucho menos sus problemas y conflictos, iniciaron esta marcha
y no retornaron sino hasta conseguir que el citado ‘decreto
de las barracas sea eliminado de las normas jurídicas
de Bolivia?
Los campesinos e indígenas de Pando viven del bosque
amazónico, que constituye el 90% del territorio pandino.
Para ello recogen la castaña, la cuál constituye
su fuente de ingresos. En el pasado, durante el auge de la goma,
los pueblos pandinos y del Norte Amazónico fueron sometidos
a la extracción del caucho, desapareciendo muchos de
ellos por esta forma de trabajo. Cuando terminó el auge
de la goma, sobre el mismo sistema se construyó la explotación
de la castaña.
Los antiguos patrones de la goma se convirtieron en los patrones
barraqueros, los que a través del sistema del “habilito”,
explotan a las familias campesinas e indígenas a las
que someten a través del crédito, hasta los hijos
de sus hijos. Los pobladores pandinos reciben con sobreprecios
productos básicos a cambio de lo cual deben entregar
su producción de castaña a los barraqueros, al
precio que ellos les imponen.
Este sector logró obtener el decreto de las barracas
con el fin de establecer bases económicas para obtener
la propiedad de los bosques, cuyos beneficios gozan a través
del aprovechamiento de mano de obra barata, intercambios injustos
y recursos naturales gratuitos. A pesar de que se t’trataba
de un decreto forestal, el verdadero objetivo del mismo quedó
claramente manifiesto cuando, una vez abrogado, la Asociación
de ‘Productores de Goma y Castaña de Riberalta
se declaró en estado de emergencia por la abrogación
de un decreto que les permitiría garantizar la seguridad
jurídica de “sus” tierras.
Para los pobladores pandinos y de la provincia Vaca Diez del
departamento del Beni, la conservación del bosque es
su única garantía de supervivencia. Ellos no explotan
madera, palmito o ganado, pero si conocen el árbol de
castaña, su ciclo de producción y saben cuando
deben recolectar los frutos 2-que transportan en la espalda
desde los lugares más aislados de la selva.
Estas familias y las organizaciones campesinas e indígenas
se encuentran en permanente confrontación con los barraqueros,
no sólo por el sistema del crédito impuesto desde
tiempos ancestrales y que los sume casi en la esclavitud, sino
porque además deben afrontar a motosierristas y empresarios
madereros que explotan la mara y roble o extraen el palmito.
Las denuncias que realizan en la mayoría de los casos
son respondidas con amenazas y agresiones y nunca con acciones
efectivas de las autoridades competentes para frenar la explotación
ilegal.
Pando es aún una “barraca” con sus propias
leyes donde se impone la fuerza, el poder y la amenaza y que
requiere el urgente establecimiento de nuevas relaciones sociales
y económicas y la intervención de las instancias
pertinentes para avanzar en un verdadero proceso de redistribución
de la tierra. Por esto, los nuevos espacios abiertos por las
Federaciones de Campesinos de la Amazonía, de manera
conjunta con la Organización Indígena de la región,
generan un nuevo debate con otros sectores sociales, pero de
manera particular reclaman la acción solidaria de las
organizaciones ambientalistas y ecologistas.