UNA HISTORIA DE LA AMAZONIA BOLIVIANA
 
 
CELESTINA Y LA NUEZ AMAZONICA

Celestina es una mujer campesina que supera los cincuenta años de edad, pero es difícil definir su edad en un ambiente tan exuberante y engañoso como el bosque amazónico.

Uno no puede dejar de impresionarse por la originalidad de su nombre, inusual en estas regiones donde los nombres son de origen indígena en su mayoría.

Su padre le dio este nombre para homenajear la exuberante y brillante tonalidad azul que pinta el cielo en algunos días de verano en estas inmensas verdes extensiones del Departamento donde nació: Pando, el norte amazónico de Bolivia.

Su expresión, su robusto talle, su mirada decidida y orgullosa dejan percibir una vida construida con sufrimiento y fatiga, una lucha diaria para lograr satisfacer las exigencias de su numerosa familia en un ambiente poco benévolo para la vida humana, como es el bosque amazónico.


Celestina vivió siempre en la lejana comunidad campesina de Campeones. El nombre de la comunidad, "Los Campeones", debe su origen a la capacidad futbolística de sus habitantes que en tiempos no muy lejanos de las "barracas", los hacían casi siempre invencibles durante los partidos organizados por el "patrón" de la tierra; oportunidades en las cuales la gente de los diferentes centros de recolección de la goma y nuez amazónica tenian el permiso de encontrarse alrededor de una pelota.

En esta remota parte del mundo, con la palabra "barraca", ya desde el final del siglo XIX, se definía a un territorio de bosque amazónico de notable extensión explotado feudalmente, con un patrón que representaba al "señor de la tierra" y que fundaba su poder sobre la explotación de numerosas familias de extractivistas de goma y nuez amazónica.

La herramienta que legitimaba este poder se llamaba "habilito", que consistía en ofrecer a crédito a los extractivistas alimentos y productos al inicio de cada temporada de recolección, a pagarse sucesivamente a través de la entrega de su propia producción; con ausencia de dinero y retribución para los extractivistas, constituyendo así en un sistema cerrado de mano de obra ilimitada y gratuita.

Aún hoy en día la señora Celestina recuerda con rabia la explotación en las "barracas" con el sistema del "habilito" que originaba deudas siempre mayores respecto al patrón, deudas que constituían una pesada herencia para los hijos, como le pasó a su padre, obligando de hecho también a las generaciones futuras de su familia a la permanencia en las "barracas".

Esta dura realidad por más de 40 años, es uno de los más recientes ejemplos de moderna esclavitud legalizada. Celestina ha presenciado al final de 1980, la caída del precio de la goma, la disgregación de la "barraca" y la libertad de decidir su futuro.

Celestina, desde siempre ha convivido con imposiciones y ordenes para ejecutar. No ha sido fácil iniciar una vida en libertad, sobretodo para ella, que ni siquiera conocía el sentido de la palabra libertad. Su familia: un marido trabajador y 6 hijos, en 1990 han buscado organizar mejor la producción de Nuez Amazónica; repartiéndose en función de las sendas un área de recolección en el bosque de la Comunidad.

Ha sido fundamental defender fuertemente el área de recolección de la explotación de la madera por parte de empresas inescrupulosas, pues cada mínima intervención que pueda alterar el equilibrio del bosque impediría en manera definitiva la producción de la Nuez Amazónica.

El periodo entre Diciembre y Marzo, toda la familia se interna en el bosque, cada uno con su canasta, el palo de recolección "cambito" y el "machete" para recolectar los cocos caídos en el piso desde la altísima planta dominante del bosque amazónico, amontonarlos y después partirlos con golpes fuertes y precisos con sus afilados machetes, para luego llevarse a casa las nueces amazónicas para ser secadas en plataformas elevadas de madera bien ventiladas y limpias, expresamente construidas para este propósito.

En los años de buena producción natural del bosque, logran recolectar en el ámbito familiar, hasta 500 sacos ("barricas") de Nuez Amazónica. Gran parte de esta producción pierde su valor económico por falta de transporte hacia los centros de transformación, obligando a la familia de Celestina a la venta directa a los comerciantes locales que compran a precios muy bajos, un producto que después venden a las empresas de transformación a precios notablemente superiores.

La percepción de la señora Celestina es aquella de haber pasado de una forma de esclavitud a una otra parecida con los comerciantes locales, que han sustituido a los patrones de las "barracas", con el pago de precios injustos, bajísimos, para un producto recolectado con inmensas fadigas y preparado con el máximo cuidado.

Desde hace unos años, no se percibe más resentimiento ni pasividad en sus ojos, sentimientos que en los años anteriores casi la habían convencido en abandonar el bosque amazónico para buscar suerte en la ciudad y destinada a acrecentar la numerosa gente humilde de la periferia.

Celestina ha descubierto de hecho, desde hace más de 3 años, un sentido en su propia vida y de su familia, que ahora puede contar con hijos adultos y un gran numero de nietos que la rodean; ahora se la mira a menudo caminar orgullosa con una sonrisa brillante y digna en su tierra, bajo un cielo brillante y azul que hace honor a su nombre y rellena de esperanza a otras mujeres como ella en el bosque.

Libertad, para ella ha significado creer en la posibilidad de desafiar y quitar el poder económico de las manos de los comerciantes locales, vendiendo su producto directamente a los mercados solidarios y orgánicos internacionales, por medio de la creación de una Cooperativa campesina: COINACAPA (Coop.Integral Agroextractivista Campesinos de Pando), de la cual ella ha sido una de las fundadoras.

En efecto, con la introducción de fondos locales de crédito a la producción, que permiten disponer de adelantos para la compra de alimentos y materiales al inicio de la temporada de zafra y después de recibir al final del año el justo saldo de la comercialización de su producción.

Personas como Celestina logran obtener para su propio producto un precio mas justo, de 3 o 4 veces superior respecto al ridículo precio de mercado local tradicional, hecho que le permite vivir una vida mas digna y de saborear verdaderamente el sentido de la palabra libertad.

Celestina hoy día sonríe porque sabe que es la libertad; la vio en la ciudad, ahora puede ir a visitarla para depositar en el banco sus pequeños ahorros, comprar alimentos a precios mas accesibles para su familia siempre más numerosa y también presentes para sus nietos, viviendo una segunda juventud que la vida desde siempre le había negado.

Sobretodo no piensa jamás dejar su paraíso verde por la ciudad, porqué ahora sabe que ella es una guardiana del bosque y que hay miles de personas en el mundo que aprecian la calidad y las propiedades nutricionales de la Nuez Amazónica, conociendo su actividad y el difícil camino hacia la libertad por el cual ha luchado.

Así, mientras Celestina continua disfrutando de la libertad conquistada muy tarde en su Amazonia, también dentro de nosotros se enciende la esperanza de salvaguardar este paraíso natural que es patrimonio de todos, quizás saboreando y valorando las Nueces Amazónicas.

Alfredo Galli

 

 

 

 

 

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