Publicado el 2010-03-19

Belo Monte: ¿la vuelta triunfante de la dictadura militar?

Leonardo Boff

El Gobierno Lula tiene méritos innegables en política social, pero en la cuestión ambiental es de una inconsciencia y de un atraso palmarios. Al analizar el Programa de Aceleración del Crecimento (PAC) tenemos la impresión de que volvemos al siglo XIX. Es la misma mentalidad que ve la naturaleza como mera reserva de recursos, base para sostener proyectos faraónicos, llevados adelante a sangre y fuego, dentro de un modelo de crecimiento superado, que favorece a las grandes empresas a costa de saquear la naturaleza y de crear mucha pobreza.

Este modelo está siendo cuestionado en el mundo entero por desestabilizar el planeta Tierra como un todo, y aún así es asumido por el PAC sin escrúpulo alguno. La discusión con las poblaciones afectadas y con la sociedad fue ridícula. Impera la lógica autoritaria: primero se decide, después se convoca la audiencia pública. Esto es exactamente lo que está ocurriendo con el proyecto de la construcción de la Central Hidroeléctrica de Belo Monte en el río Xingú, en el Estado de Pará (Brasil).

Todo está siendo hecho a la brava, atropellando procesos, ocultando el importante parecer 114/09 de diciembre de 2009, emitido por el IBAMA (órgano que cuida de las cuestiones ambientales), contrario a la construcción de la central, así como la opinión de la mayoría de los ambientalistas nacionales e internacionales, que dicen que este proyecto es una grave equivocación con consecuencias ambientales imprevisibles. El Ministerio Público Federal que encaminó procesos de embargo, llevando eventualmente la cuestión a foros internacionales, sufrió coacción de la Abogacía General de la Unión (AGU), con el apoyo público de su presidente, de procesar a los procuradores y promotores de estas acciones por abuso de poder. Este proyecto viene de la dictadura militar de los años 70. Gracias a la presión de los indígenas, apoyados por el cantante Sting en colaboración con el cacique Raoni, fue archivado en 1989. Ahora, con la licencia previa concedida el día 1º de febrero, el proyecto de la dictadura puede volver triunfalmente, presentado por el Gobierno como la mayor obra del PAC. En este proyecto todo es megalómano: inundación de 51.600 hectáreas de selva, con un espejo de agua de 516 km2, desvío del río mediante la construcción de dos canales de 500 m de anchura y 30 km de longitud, dejando 100 km de lecho seco, sumergiendo la parte más bella del río Xingú, Volta Grande y un tercio de Altamira, con un costo de entre 17 y 30 mil millones de reales, desalojando a unas 20 mil personas y atrayendo para las obras a cerca de 80 mil trabajadores, para producir 11.233 MW de energía en el tiempo de las crecidas (4 meses) y solamente 4.000 MW el resto del año, para finalmente transportarla hasta 5.000 km de distancia. Este gigantismo, típico de mentes tecnocráticas, roza la insensatez, pues, dada la crisis ambiental global, todos recomiendan obras menores, valorando matrices energéticas alternativas, basadas en el agua, en el viento, el sol y la biomasa. De todo esto tenemos en abundancia. Considerando las opiniones de los especialistas podemos decir: la central hidroeléctrica de Monte Belo es técnicamente desaconsejable, exageradamente cara, ecológicamente desastrosa, socialmente perversa, perturbadora de la selva amazónica y una grave agresión al sistema-Tierra. Este proyecto se caracteriza por la falta de respeto a las decenas de etnias indígenas que viven allí hace miles de años y que ni siquiera han sido escuchadas; falta de respeto a la selva amazónica cuya vocación no es producir energía eléctrica sino bienes y servicios naturales de gran valor económico; desconsideración a los técnicos del IBAMA y a otras autoridades científicas contrarias a este proyecto; falta de respeto a la conciencia ecológica que, debido a las amenazas que pesan sobre el sistema de la vida, piden extremo cuidado con las selvas; falta de respeto  al Bien Común de la Tierra y de la Humanidad, la nueva centralidad de las políticas mundiales. Si hubiese un Tribunal Mundial de Crímenes contra la Tierra, como está siendo proyectado por un grupo altamente cualificado que estudia la reinvención de la ONU bajo la coordinación de Miguel d'Escoto, ex-Presidente de la Asamblea (2008-2009), seguramente los promotores de la central hidroeléctrica de Belo Monte estarían en la mira de ese tribunal. Todavía hay tiempo para frenar la construcción de esta monstruosidad, porque hay alternativas mejores. No queremos que se hagan realidad las palabras del obispo dom Erwin Kräutler, defensor de los indígenas y contrario a Belo Monte: «Lula entrará en la historia como el gran depredador de la Amazonia y el enterrador de los pueblos indígenas y ribereños del río Xingú». Leonardo Boff es representante y co-redactor de la Carta de la Tierra.


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