Publicado el 2010-01-29

Los niños de Puerto Príncipe

Ramiro Otero Lugones

El dolor es convertido en desgarramiento del alma en el poemario de Cesar Vallejo \"los Heraldos Negros\", tremendo presagio e indescifrable arcano del sufrimiento humano, donde no hay dioses que reciban el reclamo y la razón se siente abatida al extremo de ocasionar ira ante las fuerzas ciegas de la naturaleza, que nos describe Tomas Mann. La ira de Voltaire contra el desafío que arremete y humilla la conciencia, provocado por el terremoto de Lisboa, es un pequeño episodio frente al horror que estremece y conturba al mundo, un azote golpeando al más humilde y pobre de los pueblos, Haití. Es como el áspid que pica al descalzo, la impiedad que nos recuerda la débil consistencia del ser en el desvalimiento de las especies por sobrevivir. Una catástrofe de tales dimensiones ha originado respuesta rápida, recordándonos el peligro común y es la especie que se encuentra comprometida. Un nuevo rasgo asume la conciencia humana aunque no recubre el drama, dejando pendiente el reconocimiento de las causas.

Primero llegó la comunicación, puntualmente como fue en el despertar humano, golpeando los sentidos ante la dimensión del acabose. Fue una imagen de pesadilla, donde los relatos de los infiernos son apenas atisbos de sufrimiento, porque la realidad ahora implacable es un tremendo castigo. La especie es la que siente el impacto abrumador y nadie puede quedar insensible.

Luego se desplegó en la comunicación la angustia y la búsqueda de los desaparecidos, levantando los escombros con las manos como herramienta, también llegó el recuento apareciendo en escena los muertos, los heridos, los héroes anónimos arañando con las manos para desenterrar a los vivos.

Escenas que hielan el alma de no ser por la voluntad de los desamparados, adolescentes y niños embarcados en la tarea de rescate, donde la voluntad de vivir se abre paso en medio del caos y la destrucción. Y así surgen las primeras acciones como un hilo débil de organización que se va extendiendo espontáneamente, porque la autoridad ha desaparecido y la fuerza del sismo ha sido tan grande que desvaneció al gobierno, acarreando la orfandad completa. Tremendo aviso para todos.

Con la ayuda llegó la esperanza abriéndose paso en medio de las peores dificultades y aquí nace el arte de inventar para enfrentar las duras condiciones. Es la carrera contra el tiempo y el manejo de los recursos cuando todo falta y nada llena las exigencias. Por eso es el mundo quien ha sido puesto a prueba.

La incertidumbre y el desafío es que tampoco queda mucho tiempo para asumir el enfrentamiento como política global y salvar al planeta, eliminando las causas del deterioro del medio ambiente y del recalentamiento, ocasionados por los países súper industrializados. Es sabido desde el desastre de Bangladesh, que los trastornos ecológicos son provocados por la contaminación de la atmosfera descubriendo a sus responsables.

El caos reinante y los grandes peligros obligan a adoptar decisiones para salvar a los niños, los mas desamparados y, los hechos, son la peor advertencia, recordando simplemente que una legislación permisiva ha facilitado en materia de adopciones y arrogaciones, el trafico inicuo de menores, de órganos y de la lascivia de los pervertidos. Ahora se imponen medidas protectivas de urgencia frente al secuestro de menores en Haití, aprovechando todas las ventajas del deterioro.

Un derecho que debe respetarse aun en las peores condiciones es el de los niños y menores, de seguir siendo haitianos donde quiera que se encuentren, nos referimos a la propia entidad.


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