Publicado el 2012-04-07

Abejas cubanas: Zumbido para la vida

Roberto Salomón y Raúl I. García Álvarez

Las abejas cubanas aportan la miel más fresca y clara del mundo. Cuba produjo 6.600 toneladas de miel en 2011 y pretende producir hasta 10 mil toneladas en 2015.

Las mieles de abeja y, en especial las ecológicas, obtenidas de plantaciones exentas de aplicaciones de productos químicos que exporta Cuba cada vez disfrutan de mayor prestigio, tras riguroso proceso de certificación. Para los especialistas, ese prestigio es el fruto de más de cinco siglos, desde que el Almirante Cristóbal Colón puso sus pies en la Isla (1492) y afirmó que era “la tierra más hermosa que han visto jamás ojos humanos”.

Los navegantes descubren que entre la comunidad indígena vivían las abejas criollas, conocidas como de la tierra o meliponas, insectos dóciles y poco productivos, aunque su miel es de altísima calidad. Casi tres siglos después llegan del sur de Estados Unidos a la isla los primeros apiarios de abejas negras, altas productoras de miel.

La apicultura comenzó en el archipiélago con la entrada de las primeras colonias de abejas por el puerto de La Habana en 1763. Pocos años después se inició el primer embarque de miel y cera a la metrópoli, y ya a mediados de la década de los 50  del siglo XX se alcanzaban en el país unas cinco mil toneladas de miel de abejas, según datos del Ministerio de Agricultura (MINAG).

En 1950 se introduce la especie amarilla de origen italiano, dando paso a un cruzamiento que se extiende por todo el país; en la actualidad existen unas 150 mil colmenas. Gracias a la política aplicada por la Revolución en la apicultura, ésta alcanzó en el período 1982-83 un total de 10.200 toneladas de miel, el récord en el país, a partir de la explotación entonces de 200 mil colmenas.

Sin embargo, tras sobrevenir, en la década del 90 del pasado siglo,  la crisis económica que dio lugar al llamado período especial, tras la desaparición del campo socialista europeo y de la Unión Soviética, se originó un fuerte deterioro en la rama.

A partir del año 2000 se reorganiza la visión conceptual de la apicultura y actualmente se aplica un programa de desarrollo hasta el 2016. Factor esencial en la estrategia mencionada lo constituye la selección de las mejores y más capaces abejas, y aprovechar todo el potencial genético existente.

Cuba desarrolla la apicultura

La directora del Grupo Empresarial de Agricultura de Montaña de Cuba Tania Fernández significa que este pequeño país apícola produce miel de abejas desde hace 250 años, y en la actualidad dispone de más de 1.500 productores y 160 mil colmenas, que aportaron en 2011 unas 6.600 toneladas de miel.

La apicultura, además de contribuir a la polinización, aporta fondos exportables de gran aceptación en el mercado externo, y de importancia económica para esta ínsula. Cuba cuenta con un potencial evaluado en unas 10 mil toneladas anuales de miel de abejas, de las cuales se exporta cerca del 70 por ciento, y un parque de 168 mil colmenas en más de 53 mil apiarios. Laboran en la esfera 1.562 productores, de los cuales 1.098 son socios de cooperativas de crédito y servicio.

Existe además la Empresa Apícola Cubana (Apicuba) y el Centro de Investigaciones Apícolas (Ciapi), que se apoyan en la infraestructura científico-técnica de la esfera en el país y en el conocimiento alcanzado en el mundo.

Según estudio del Centro Nacional de Investigaciones Apícolas en el Wajay, La Habana, las actuales abejas cubanas, resistentes a las enfermedades, se ubican entre las más productoras del mundo. Se estima un potencial promedio de unos 100 kilogramos por colmena.

Las industrias farmacéutica y alimentaria están consideradas entre las que más demandan la miel, el propóleo, la jalea real y el polen, productos que resultan de interés por el gran número de propiedades medicinales y nutritivas que se les atribuyen. La luz natural le otorga a la melaza de las abejas propiedades curativas, conciliadoras de los sueños, acciones favorables sobre la piel y las vías respiratorias, y ser fuente de energía.

La calidad de este producto natural cubano mantiene un lugar privilegiado en el mundo, ya que más del 98 por ciento proviene de más de 300 especies de plantas silvestres, de las cuales unas 75 son asiduamente visitadas por las abejas.

Entre las especies de mayor aporte melífero se encuentran las flores silvestres de bejuco indio, campanilla morada y blanca, romerillo de costa, piñón florido, cítricos, soplillo y mangle prieto. Los plantíos de café y cacao orgánico en las zonas montañosas son fuentes para el desarrollo de la producción de miel de abeja orgánica.

Los principales clientes de las mieles cubanas son Alemania, Holanda, España y Japón, interesados en mieles específicas. Las exportaciones cubanas están en el orden de las siete mil toneladas, mientras que en el mercado internacional se comercializan anualmente unas 400 mil toneladas.

Con el paso del tiempo los apicultores cubanos mantienen su método tradicional de cuidado y explotación de los apiarios, particularidades que los distinguen. A esto se unen la certificación del sistema integrado de gestión de la calidad para la exportación en la planta de la central provincia central de Sancti Spíritus, 350 kilómetros al Este de La Habana.

Bruno García, director de la apicultura en el territorio, explicó que por su alta calidad el producto logró la certificación basada en las normas ISO 9001 de 2008, categoría que solo exhiben 680 organismos cubanos y 34 de ellos en la agricultura. El centro, con equipamiento de última generación, procesa el 70 por ciento de la producción nacional, desde Pinar del Río en el occidente hasta Camagüey en el Este. En Contramaestre, en el oriente del país, existe la segunda planta beneficiadora, que también lucha por la certificación.

Estudios nacionales y de expertos foráneos afirman que las abejas cubanas aportan la miel más fresca y clara del mundo.

Zumbido para la vida

Actualmente hay un déficit en la producción de miel de abejas a escala internacional, fundamentalmente en Europa y Estados Unidos, entre los principales mercados, a causa en gran medida del síndrome del colapso de las colmenas, que causa muchas muertes entre las abejas.

Este último es provocado por el uso de productos tóxicos en la agricultura, resultado de una nueva generación de pesticidas, los neonicotinoides, que son neurotóxicos con alta residualidad, y circulan  en la sabia de la planta, llegan a estar en el néctar y en el polen; las abejas lo acopian, lo llevan a la colmena, y se envenenan y mueren.

El desarrollo de la apicultura en Cuba es hoy una tarea prioritaria para lograr la recuperación gradual de fondos exportables tradicionales. Ese es un objetivo contenido en uno de los lineamientos correspondientes a la política agroindustrial  acordada para la actualización del modelo económico y social del país.

Según autoridades del sector, disponer de 200 mil colmenas y un mayor valor agregado de sus productos son objetivos estratégicos en la apicultura cubana. Su desarrollo gradual hasta el 2015 prevé en esa fecha el acopio de más de 10 mil toneladas de miel de abeja.

A fin de alcanzar la producción prevista en 2015, se ejecuta un programa inversionista de modernización de la cadena productiva en la rama, incluidos los laboratorios, ascendente a 10 mil millones de dólares, informó el director general del Centro de Investigaciones apícolas (CIAPI) Adolfo Pérez.

Las principales acciones emprendidas para transformar esta rama en la isla pueden agruparse en tres grandes bloques: la flora melífera, las abejas y el apicultor.

Las principales plantas melíferas en la isla las constituyen la campanilla blanca y morada, el bejuco indio, piñón florido, romerillo de costa, mangle prieto, el soplillo y la vegetación que conforma los bosques semicaducifolios de la pre montaña y los que se hallan detrás de los manglares. Lo anterior quiere decir que más del 98 por ciento del potencial melífero del país proviene de plantas silvestres.

Continúa la labor de selección y mejoramiento de esos seres en la isla, en la base productiva y en la reproducción por línea materna de aquellos individuos más productivos y tolerantes a enfermedades, en las condiciones que impone en el sentido más amplio la naturaleza de esta isla.

Esto último se refiere a flora, clima, plagas y enfermedades y el propio apicultor, que puede cometer indisciplinas tecnológicas. También se labora en promover la cultura medioambiental y modernizar las bases productivas para elevar el rendimiento por colmena, desde un promedio anual de 43 kilogramos hasta 45 a 55 kilogramos.

El programa incluye la siembra de especies arbóreas foráneas altamente melíferas, entre ellas la acacia.  Experiencias en Brasil con esta planta indican que 10 colmenas ubicadas en una hectárea producen en un año 200 kilogramos de miel cada una.

El apicultor es el factor fundamental para que el sistema en la rama alcance su mayor eficiencia, de ahí que su profesionalización resulte vital. De acuerdo con especialistas, no es posible hacer apicultura industrial intensiva con productores aficionados, frente a los desafíos que impone el cambio climático, la creciente demanda de inocuidad de las producciones y las exigencias del mercado.

La experiencia apícola acumulada en el país y el desarrollo de la producción condujeron a la diversificación de las ofertas, perfeccionadas en las últimas dos décadas. Gracias a ello se cuenta hoy con una gama de productos registrados, superior a 20 formas terminadas diferentes, tanto para el mercado interno como para la exportación.

Son objetivos estratégicos en la esfera completar el parque de colmenas y asegurar su crecimiento; propiciar el incremento del valor agregado con la producción de mieles ecológicas y específicas, así como las mezclas de miel con el resto de los productos de las colmenas, como propóleo, polen, jalea real, y otros.

Algo de historia

Los productos de las abejas (Apis mellífera) han sido utilizados por el hombre desde la Edad de Piedra hasta nuestros días, con fines medicinales y nutritivos. Entre ellos, el propóleo está siendo objeto de numerosos estudios en la actualidad, aunque se conoce que ya era utilizado en el antiguo Egipto, donde los sacerdotes lo manejaban como sustancia medicinal y componente de los ungüentos y cremas para embalsamar.

De los griegos se recibe su nombre (pro: delante de, y polis: ciudad). Aristóteles lo consideró un remedio para las infecciones de la piel, llagas y supuraciones. Galeno, en el siglo II, menciona el própolis en sus trabajos, y el famoso médico y filósofo persa del siglo XI, Avicena, dice de este: Tiene la cualidad de eliminar las puntas de flechas y las espinas, vivifica, limpia fácilmente y ablanda fuertemente.

Entre los años 1899 y 1902, en la guerra Anglo-Boer en el Cono Sur Africano, esta sustancia se empleó en la cura eficaz de heridas infectadas y como sustancia cicatrizante, cuando aún se desconocían los antibióticos. Mientras, el propóleo es utilizado por las abejas como cemento para la colmena, y existen evidencias de que la protegen de hongos, bacterias y otros invasores.

La miel de abejas es un meritorio elemento de la naturaleza a disposición de la humanidad por su contenido mineral: fosfatos de calcio, de hierro, de magnesio, potasio de sodio, azufre, cloro, enormes cantidades de ácido fosfórico, manganeso, cobre y enzimas en buenas proporciones.

Es uno de los alimentos más energéticos que se conocen, pues contiene partículas coloidales en suspensión con cargas eléctricas positivas. El consumo de miel de abeja es altamente beneficioso para el cuerpo, la salud y el embellecimiento, como reafirma un adagio chino: Zumbido, miel para la vida. Roberto Salomón es periodista de la Redacción de Economía y Raúl I. García Álvarez, corresponsal de Prensa Latina en la provincia de Sancti Spíritus.


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